El mes de octubre en nuestro país hace gala de lleno con la renovación de la vida y los brotes propios de la primavera en todo su esplendor. Hoy, cuando el calendario marca el día 25, quizá en una feliz y expectante coincidencia, el pueblo, la ciudadanía – y no por un deseo expreso de la autoridad – se convoca en una fecha que pasará a los anales de la historia a decidir su destino. A decidir qué tipo de sociedad y gobierno quiere darse, cuestión que nunca se le preguntó tan explícitamente desde que nacimos como República.

Hace un año – y aquí la feliz coincidencia – la “Gran Marcha de los millones” copó las principales calles de las capitales regionales y sus pueblos manifestándose a favor de la paz, la justicia y la equidad. Dándole cuenta al gobierno que no “estábamos en guerra”, con las únicas armas limpias que el hastío y su conciencia podían darle y que eran nada más que una cacerola y una cuchara, donde manifestó su queja y descontento.

Y en el intertanto sucedieron tantas, pero tantas cosas. Atropellos, violaciones a los derechos fundamentales, privaciones, una feroz pandemia y una crisis económica que no vino sino que a desnudar las falencias de un sistema neoliberal brutalmente egoísta y material, que hizo convertirnos durante las últimas décadas en meros consumidores, haciéndonos olvidar que en primer lugar somos personas y luego ciudadanos.

El despertar de octubre de 2019 puso el dedo punzante en la herida de un sistema infectado, purulento y en donde el mínimo roce hizo explotar a través de esa llaga aquella infección que aún se mantiene latente y abierta.

Hoy, el destino de la patria puede cambiar, pese a la pandemia y el temor; pese a la negación y las campañas del terror que algunos sectores han querido mezquinamente infundir a la población, queriendo confundirla y amenazarla. Pero olvidan que el pueblo, la ciudadanía es más sabio.

Hoy, a horas de iniciar la “madre de todas las batallas” electorales, nuevamente el poder soberano vuelve hacia donde esencialmente radica: el pueblo, la nación, la ciudadanía. Es así como aquellos más distantes en la latitud de la geografía, chilenos errantes por el mundo ya comenzaron a votar. Los de Auckland en Nueva Zelanda; los de Sidney en Australia; los de Nueva Delhi en la India. Chilenos, chilenas y compatriotas todos, que tantas veces les negaron la posibilidad de expresarse y poder votar, sean también ellos bienvenidos a esta fiesta de la democracia en la urna universal.

Por cierto que la invitación – que no es una imposición – está abierta a los millones de compatriotas que a través de las calles de la patria hace un año se movilizaron. Indistintamente de la opción que adopten esta jornada, deseamos que lo expresado en las calles se manifieste en esta histórica jornada electoral con la más amplia participación de todos los tiempos.

Sin miedo, sin violencia y tomando todas las medidas de seguridad sanitarias por todos ya conocidas e informadas por la autoridad respectiva.

Por primera vez en la historia y desde que nos constituimos como nación tendremos la opción de hacernos partícipes de ella y de escribir hacia la posteridad la historia de nuestras propias vidas. Con todos y todas, con nuestros pueblos originarios y quienes han llegado de lejos a engrandecer la patria, todos juntos podremos darle sentido a esta nueva gesta republicana, a nuestra propia Canción de Octubre, donde la primavera una vez más cumple con su ritual llena de vida: pariendo flores y oliendo a dulce miel y hierba.

Cristián Ibarra Ibáñez