Bolivia y el otro octubre

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Escribe Cristián Fuentes V., Profesor de Ciencia Política, UCEN.

Octubre es un mes de decisiones no solo en Chile. Una semana antes del plebiscito del domingo 25, Bolivia deberá concurrir a las urnas para elegir presidente y parlamentarios, intentando cerrar la crisis abierta con el derrocamiento de Evo Morales. Eso es lo que se espera, aunque no es seguro conseguirlo en un escenario caracterizado por la fragmentación de los grupos opositores al Movimiento al Socialismo (MAS).

Las encuestas dan al exministro de Economía Luis Arce entre un 37% y un 40.3%, lo que le alcanzaría para ganar en primera vuelta, repitiendo casi exactamente los votos obtenidos por Morales y que fueron desestimados por un supuesto fraude. Según la Ley Electoral de ese país, basta el 40% si la ventaja del primero sobre el segundo es de 10%, por lo que la actual Presidenta, Janine Áñez, tuvo que renunciar a una candidatura que apenas conseguía el cuarto puesto en los sondeos. La derecha del oriente boliviano quedó representada por Luis Camacho, quién obtendría el tercer lugar, detrás del expresidente Carlos Meza.

Esta situación puede dar lugar a otro quiebre institucional si no existe un pacto que sostenga la democracia boliviana. Un reparto equilibrado del poder y reglas que todos se comprometan a cumplir son los factores que aseguran la viabilidad del proceso. Un año después de la caída del anterior gobierno, el desafío es el mismo que debe enfrentar la ciudadanía el 18 de octubre.

No hay rastros de una posible unidad opositora y el MAS es la mayoría indiscutida. La única opción es ponerse de acuerdo o prevalecerán las fuerzas antidemocráticas y centrífugas que amenazan, incluso, con la división del país. Ojalá prevalezca la cordura y se logren los consensos necesarios.