Desconfinamiento

88

Escribe Luis Pino, Académico Escuela de Psicología Universidad de Las Américas.

Compartir estrechamente con las personas queridas, es lo más esperable hoy, ya que genera la esperanza de que pronto podremos volver a recuperar lo perdido. Bajo este contexto, será la expectativa lo que hay que manejar, dado que cada persona la significará de acuerdo con sus necesidades, pudiendo ser motor de malestar psicológico.

Por otra parte, la conciencia que se posee por el esfuerzo de mantenernos confinados propicia un aumento del deseo y añoranza por rutinas pasadas; sin embargo, se encuentran con algo sustantivamente distinto a lo recordado, lo que puede implicar un aumento en la sensación de inseguridad, producto de estar en un ambiente no familiar, surgiendo estrés y ansiedad. Debido a esto, hay que tener claridad que no estamos volviendo a un estado inicial y asumir una nueva condición.

Bajo este contexto, debemos preocuparnos de la gestión emocional, ya que muchas veces no tenemos conciencia que somos presos de emociones disfuncionales o negativas. De esta forma la sugerencia es desligarse de estados emocionales que producen malestar y así poder tomar buenas decisiones, mejorar nuestras relaciones interpersonales, tratar de no mantener esos recuerdos sobre lo feliz que éramos en una condición pasada, hay que lograr soltar eso que nos mantiene anclados al pasado.

Finalmente, debemos ser austeros con las expectativas, es decir, ser realistas, asumir que se requiere un cambio conductual y esforzarnos aún más en las cosas positivas, ver todo lo que hemos avanzado, como por ejemplo, el haber sido solidarios por tener resguardos para que otros no se contagien. Este es un acto positivo y que habla de los valores de cada persona y de su capacidad de generosidad y bondad.