El medio británico destaca que en la era «post Pinochet», Chile se ganó la reputación de tener un manejo económico sólido, niveles relativamente bajos de corrupción, e instituciones estables. Sin embargo, de acuerdo al artículo, la pandemia del coronavirus dejó ver la desigualdad que ya había hecho crisis durante el estallido social de octubre de 2019.

A través de una extensa editorial, el medio británico The Economist analizó la situación que se vive actualmente en Chile. En medio de la pandemia, apuntan a que el gobierno de Sebastián Piñera ha sido «torpe en proteger a los chilenos de las consecuencias económicas del Covid-19».

El texto relata cómo se vive una olla común en la comuna de El Bosque, las que recuerda fueron vistas por última vez «durante la recesión de comienzos de los 80, cuando Augusto Pinochet, un dictador, gobernaba el país».

El texto titulado «Covid-19 acelera los cambios en el modelo económico liderado por el mercado de Chile» detalla que en la década del 90 «la economía chilena creció rápidamente», con un rol más privado que le dieron a la administración de las Pensiones, la Educación y la Salud.

«En la era post Pinochet, Chile se ganó la reputación de tener un manejo económico sólido, niveles relativamente bajos de corrupción, e instituciones estables», señala The Economist que, sin embargo, sostiene que la situación es desigual en Chile, lo que desencadenó el estallido social en octubre del 2019.

“Las pensiones que los chilenos ahorran para su vejez, resultaron ser más bajas de lo que muchos esperaban cuando el sistema fue implementado en 1980. Los chilenos ricos obtienen muchos mejores servicios de salud y educación que los pobres. En octubre comenzaron a surgir protestas masivas y en ocasiones violentas en contra de la desigualdad, que sólo se disolvieron tras la llegada de la pandemia”, relata el medio inglés.

The Economist critica las medidas impuestas por el Gobierno en el control del Covid-19, las altas cifras del país y la «nueva normalidad» de la que se hablaba al inicio de la crisis sanitaria.

La editorial recalca las altas cifras de cesantía y pobreza que ha revelado la pandemia. «Barrios densamente poblados, casas hacinadas y la necesidad de usar el transporte público, favoreció que el Covid-19 se esparciera entre los pobres. El ministro de Salud, Jaime Mañalich, admitió en mayo que desconocía el nivel de pobreza y hacinamiento que existía en algunas partes de Santiago, haciendo que el Gobierno pareciera no saber qué hacía. Terminó renunciando», apuntaron.

The Economist asegura que «el Gobierno ha sido torpe en proteger a los chilenos de las consecuencias económicas del Covid-19. Ha reaccionado con lentitud. Sus medidas, aunque dispuestas a gran escala, no han llegado a quienes las necesitan. Su falta de reacción podría provocar una reacción que lo lleve en la dirección opuesta».

«Este nivel de radicalismo también tiene sus riesgos. La mayoría de los chilenos están de acuerdo en que el Estado debería actuar para reducir la desigualdad e ir en apoyo de los necesitados. Pero su rabia podría crear una base de apoyo para medidas populistas que acaben haciendo al país más pobre», concluyó.