La peste se acaba de llevar a un gran dirigente gremial y socialista: Hugo Ramírez

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Escribe Edison Ortiz, Profesor de Historia.

Hace poco me llamó Adolfo Lara, estaba descansando luego de un día agitado de recibir y contestar comentarios por la columna sobre el sindicalismo que publicó El Mostrador hoy y de colaborar en las tareas de matemática de mi hijo Agustín.

Pensaba que Adolfo, como ex miembro del c.c. del PS del Congreso de La Serena de 1971 me iba a informar del fallecimiento también, un 1 de mayo, de Uldaricio Figueroa, otro dirigente socialista de aquella época. Le comenté que desde Madrid ya me había avisado Danilo Aravena, pero me señalo que, también, acababa de morir Hugo Ramírez, presidente de los panificadores de Rancagua, por Coronavirus,

Quedé helado. Hasta hoy no había nadie cercano a mí que le hubiese sucedido algo así. El virus era noticia nacional, pero no estaba aún en mi biografía. Ahora, ya ronda cerca de nosotros.

Don Hugo, como yo solía llamarle, mientras milite en el PS, pocas veces estuvo de acuerdo conmigo, pero siempre fue un gran amigo, emblemático Presidente (con mayúscula) del Sindicato de Panificadores de Rancagua (Sintrapan). Mis condolencias a esposa e hijos. Don Hugo, como solía llamarlo, descanse en paz.

Dirigió un Centenario sindicato, donde, a la usanza antigua, uno de sus bienes más preciados, era aquel viejo estandarte de la agrupación del cual él siempre se enorgullecía y que guardaba en su oficina.

Así como a él, no le gustaban a veces mis opiniones, a mí tampoco me agradaban los dirigentes eternos y yo consideraba que él caía en esa lista. Pero, por respeto, y amistad, nunca se lo dije.

Sí, reconozco, que él tenía un liderazgo y una relación con el empresariado del rubro – que siempre está más cerca de nosotros que de nuestra floja oligarquía -, que le permitía tender puentes, aminorar conflictos, y sacar siempre algo positivo de una crisis. Y eso, se le reconocía transversalmente.

Supe de él, por primera allá por 1983, época de las protestas y del glorioso 11 de mayo en Rancagua que encabezó Rodolfo Seguel, a través de un hermano mayor, Rodrigo (vengo de una familia de obreros panificadores donde él único que nunca aprendió a hacer pan, fui yo), quien lo apoyaba en la gestión de su directiva.

Aquella, noche, cuando la ciudad ardía en sus suburbios (avda. La Victoria, por ejemplo) aún recuerdo que la CNI, en el contexto de las protestas agarró a mi hermano menor y lo pusieron en el capot del vehículo con apenas 15 años, desde donde fue rescatado por carabineros lo que, literalmente, le salvó la vida.

Y, en ese contexto, cuando los opositores no tenían cojones, Don Hugo y la sede de Sintrapan fueron el espacio de reunión habitual de la oposición a la dictadura vigilada e intervenida por los secuaces de ese régimen oprobioso.

También, ya en democracia, la sede de su sindicato fue por años el hogar del PS, donde hacíamos reuniones, elecciones, congresos, etc., y él siempre mantuvo un bajo perfil.

Ni hablar de su pedagogía sindical. Cada vez que iba a su sindicato él, siempre estaba apoyando la constitución de nuevos sindicatos o capacitando a nuevos líderes o asesorándolos cuando campeaban los despidos masivos. Siempre recuerdo que las dirigentes mujeres eran las que más lo visitaban por su experticia y sabiduría. El sindicalismo regional pierde un gran pedagogo.

Supe, además, que tanto él, como su mujer, nos querían mucho a mí y a Rosita (más a ella que a mí en verdad), y siempre tomó distancia de mi carácter díscolo, aunque nunca dejó de ayudarme ni prestarme colaboración incluso cuando ya no militaba en las filas del socialismo.

Aun cuando yo me había ido del PS y escribía columnas críticas del segundo gobierno de Bachelet, nunca dejó de, con la mayor honestidad, escribir en mi muro un comentario crítico que yo siempre, respondía con el máximo respeto.

Creo que fue el 2015 o 2016 la última vez que visité su nueva sede, su mayor obra que lo enorgullecía y con la cual, siempre, supe, él sentía que había pasado a la historia.

Don Hugo, al igual que Uldaricio Figueroa, otro histórico del PS, ha decidido irse hoy un 1 de mayo, supongo, la mejor fecha para morir, si se trata de un dirigente gremial histórico. El mismo día en que, además, se me publicó una columna sobre los nuevos desafíos del movimiento sindical.

Se lo ha llevado la peste moderna, sinónimo también de que ya ronda próxima a nosotros.

Don Hugo, no tendrá, por ahora, el funeral que se merece y pido que cuando esta pandemia pase los que sobrevivamos, o sobrevivan, le otorguen a él y su familia el justo homenaje que este gran dirigente sindical se merece, ¡Hasta siempre compañero!