Que el estallido social no nos deje sin el grito de gol

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

Cuando la ANFP decidió, junto al Consejo de Presidentes, terminar arbitrariamente el Campeonato de Fútbol 2019, las injusticias reclamadas por la calle se trasladaron a la competencia nacional. Allí surgieron los liderazgos fácticos y escasamente democráticos, aquellos a los que el don del dinero les otorga un lugar privilegiado en la comunidad.

En medio de la vorágine nacional, ahí estaban, sin vergüenza alguna, los que se coludieron para echar a Marcelo Bielsa. Ahí, en el mismo sitio y sin asco, sacaron la voz esos conspicuos muchachotes de cuello y corbata, que guardaron y aún guardan silencio, ante el robo a mano armada de Jadue y compañía.

Sí, esos mismos que contraen matrimonios entre familias, que se visitan en las casas de Cachagua, que eluden el pago de impuestos y visten finos trajes adquiridos en ventas de bodega internacional. Los mismos, aunque cueste creerlo, que se animan a transitar por Chile sin temor, a pesar del pasado oscuro que los persigue, pero no los atormenta.

Ese grupete que dijo una tarde de diciembre, “dejemos a Wanderers en la primera B, total nosotros mandamos”, y que, a la vuelta de la esquina, por la presión de los hinchas, debieron borrar con el codo lo que escribieron con sangre ajena.

Los “Agentes del Mal”, les dicen. Son los que compran clubes para triangular plata y jugadores. Son los que negocian pases por debajo de la mesa y se “arreglan” con los recursos del CDF. Esos jovenzuelos que suben las entradas al público, pero traen “paquetes” a sus planteles. Los que mueven técnicos de una región a otra y simulan tener la responsabilidad social empresarial impregnada en sus sucios principios, distribuyendo balones y camisetas entre organizaciones funcionales de las comunas.

¿Ve usted en estas líneas, alguna similitud con lo que vivimos actualmente?. Tengo plena certeza que no. El fútbol es pasión pura, es dignidad y solidaridad. Es para algunos, un vehículo de movilidad social. Una herramienta de respeto, fraternidad y alegría. Es un estilo de vida, capaz de construir seres generosos en medio de la competencia. El fútbol sincera capacidades, oculta temores y hace valientes a los más temerosos. Este deporte, el más bello del mundo, nos hace felices, con sus defectos y virtudes. Apropiémonos de él y expulsemos con marchas sin violencia, a los que destruyen todo desde sus cómodos escritorios de mármol. Pero que este estallido no nos deje sin el grito de gol, porque eso sería el fin sin regreso.

Éxito para el O’Higgins de Graff 2020 y que este año, sigamos en la senda de la transparencia que nos caracteriza como institución.