Una educación culturalmente pertinente para las comunidades afrodescendientes

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Escribe Dra. María Victoria Peralta, Académica Universidad Central y Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2019.

En noviembre se llevó a cabo en Arica el Seminario “Patrimonio Afrodescendiente y Archivos Escolares”, organizado a través de la ONG Oro Negro y la Subdirección de Pueblos Originarios del Servicio nacional del Patrimonio Cultural. Uno de sus objetivos era avanzar en el desarrollo de propuestas que permitan a la sociedad chilena visibilizar su aporte histórico-cultural al país y fortalecer la identidad de sus representantes con currículos culturalmente pertinentes en los diversos niveles del sistema educativo.

El 8 de abril de este año, se promulgó la ley n°21.151 que les otorgó reconocimiento legal. En lo educativo, la ley señala: “El sistema nacional de educación de Chile procurará contemplar una unidad programática que posibilite a los educandos el adecuado conocimiento de la historia, lenguaje y cultura de los afrodescendientes, y promover sus expresiones artísticas y culturales desde el nivel preescolar, básico, medio y universitario.”

En el momento que vivimos como país, donde procuramos visibilizar y dar justicia a los sectores más excluidos, las comunidades afrodescendientes debiesen estar presentes. En la actual discusión sobre quienes deberían estar presentes en la Convención Constitucional, no se les menciona ni siquiera a nivel parlamentario donde se tramitó la ley de reconocimiento. Y ello no es una novedad. Son tantos los prejuicios y la ignorancia que existe, que por sólo ello se justifica la necesidad de una propuesta educativa nacional y transversal que enseñe el verdadero aporte de estas comunidades a nuestra historia y cultura.

El estudio realizado en los años 2011 al 2015: “Proyecto Chilegenómico” de la U. de Chile y U. de Tarapacá que encabeza Lucía Cifuentes junto a un extenso grupo de investigadores, tomó una muestra de 3.208 chilenos de 8 ciudades, y constató que en todas hay sectores de la población que evidencian una ancestría africana, siendo la menor, Temuco (1,7%), y la mayor, La Serena y Coquimbo (4,3 %); en Santiago 2,45 % es el promedio, incluyendo clínicas privadas. Esto no incluye a los niños y niñas cuyos padres son migrantes latinoamericanos actuales, lo que hará subir estos porcentajes notoriamente.

Pero más allá de lo genético, la cultura africana está en nuestro lenguaje, comida, bailes, y en las historias de vida de tantas familias que han contribuido con su capacidad de adaptación y trabajo, a lo verdaderamente humano. Estos temas son importantes para el Chile que queremos reconstruir, más justo, inclusivo y solidario.