Rodeados de agua por potabilizar

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Escribe Dr. Sergio Cárdenas, Académico de la Escuela de Ingeniería, Universidad Central.

La escasez hídrica que atraviesa el país, tiene un oscuro futuro. El cambio climático está empeorando y la población sigue aumentando, por lo que es mayor el requerimiento de agua dulce. Todo esto nos hace cuestionar de donde sacar el vital líquido que necesitaremos. Si miramos a nuestro alrededor, notaremos que estamos rodeados de cuerpos hídricos. Tenemos enormes extensiones de costa, además es mucha la cantidad de agua que sale de nuestras casas, de procesos industriales o lo que no se utiliza en nuestros campos.

Lo cierto es que podemos tomar agua de cualquier tipo y prepararla para consumo, pero el tratamiento puede variar enormemente en el costo. Se puede tomar agua de mar, de relaves mineros o de alcantarillado y todas pueden transformarse en potable, sin embargo, el costo que esto tiene y más aún, la velocidad en que puede obtenerse esta agua es mucho menor que la velocidad de consumo y ese es el gran problema.

Nuestra geografía, nos brinda una gran extensión de océano a todo el largo del país, donde la tasa de evaporación es muy elevada; luego una cordillera que logra condensarla, nos entregó en el pasado mucha agua que tristemente nos acostumbramos a usar mal: regamos los campos por inundación y eliminamos los residuos líquidos agropecuarios a los mismos canales o directo a la tierra, sin preocuparnos por la infiltración. Nos lavamos los dientes y hasta nos peinamos con el agua del lavamanos corriendo. Bueno, ese ‘paraíso’ ya terminó y debemos tomar iniciativas más complejas por nuestro bien y el de nuestros hijos.

Estamos obligados a generar nueva agua dulce y las alternativas no son tan variadas. Primero, está la opción de desalinizar agua de mar, lo cual no sólo contempla quitar las sales, sino que requiere de un sistema mayor de purificación. Además, este proceso demanda mucha energía, lo que puede generar muchos gases de efecto invernadero. Por eso necesitamos investigación e innovación. Utilizar energías renovables para desalinizar el agua. De hecho, hay proyectos para desalinizar con el sol: muy interesante, pero demasiado lento y no resuelve el problema para localidades de gran número de personas.

Lo que se conoce como la osmosis inversa es lo más rápido. Proceso que debería estar impulsado por sistemas de energías de bajo costo y renovables. Sumado a esto, debemos tratar las aguas que botamos. Es increíble que aún estemos gastando una cantidad enorme de recursos para filtrar, decantar, bajar las sales, clorar y hacer potable el agua, para luego botarla al estanque del baño. Claramente hay un desafío en nuestros patrones de consumo para llegar a un verdadero uso eficiente del agua. Otros países han avanzado en esto y en Chile tenemos la oportunidad y el deber de comenzar hoy.