Tal cual: era cuestión de actitud!

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.


Nos sacamos los balazos!, me dijo un señor de edad, mientras él ingresaba apurado al baño de varones, en la puerta A4 del sector Andes. Las sonrisas recorren la multitud y no son pocos los que improvisan una selfie para inmortalizar el feliz momento de la victoria.

El placar intacto señala 4-1 para los locales, triunfo consolidado y justo, de acuerdo a lo sucedido en cancha. La pobre asistencia de público (no superior a las 3 mil personas), se deleitó con la mejor presentación de la escuadra rancagüina, que en los primeros 45 minutos, cerró un partido que en la previa, se avizoraba duro y quizás aún más complicado que el lance frente a Colo Colo.

Los expertos señalaban que con la necesidad de protoganizar, el equipo de Figueroa tendría problemas para encontrar los rumbos y así obtener los tres puntos. Sin embargo, ese presagio quedó en el olvido, pues, con actitud y entusiasmo desmesurado, O’Higgins saltó al campo sin complejos y en menos de media hora, ya hacía estéril una remontada del visitante.

Me impresionó de sobremanera, el juego y disposición de Cereceda. Lateral de antaño,  recorrido interminable  por la banda, anticipo y con el balón en los pies, fue capaz de construir dos ataques que terminaron en gol. Su único error, el despeje central para la anotación de Iquique, que quizás opaca una presentación de excelencia, coronada con la entrega de su camiseta a un pequeño hincha.

El equipo funcionó y se notó el trabajo semanal. Todos los goles, salvo el segundo de Pol, se iniciaron y terminaron con movimientos establecidos y ejercitados (estoy seguro). En el ABC de fútbol está pasar por la espalda, filtrar una conexión interna, sacar el centro atrás y definir con el arco a disposición. Si eso se desarrolla por ambos costados y con éxito, la gloria está asegurada.

El buen momento debe permanecer sobre esa base de humildad y esfuerzo. Cuando los jugadores y el técnico se apartan de ese modelo, los problemas y derrotas se vienen encima. En el silencio de una labor responsable y criteriosa, el equipo puede levantar cabeza y seguir entre el grupo de avanzada, olvidando para siempre la pesadilla del descenso.