¿Quién piensa a la defensa en Chile?

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Escribe Cristián Fuentes V., Académico Escuela de Gobierno y Comunicaciones, Universidad Central.

A propósito del último episodio sobre el decreto presidencial que autoriza a los militares a apoyar la lucha contra el narcotráfico en las fronteras de Chile, se extraña la existencia de una reflexión más elaborada sobre la Defensa, que analice y proponga, con la suficiente amplitud y profundidad, los modelos más idóneos para enfrentar las principales amenazas y desafíos del país en el sistema global contemporáneo. Lo que tenemos en la práctica son unas Fuerzas Armadas que se piensan a sí mismas, aunque haya algunos civiles incorporados a esa tarea, y ciertos espacios donde ese pensamiento se transmite al resto de la sociedad, con todos aquellos problemas que surgen de una visión más bien corporativa.

En la mayoría de los países que poseen una mirada moderna acerca de los asuntos de la Defensa, se cuenta con una estructura que conecta a la comunidad con las instituciones del sector, recogiendo opiniones diversas, pero que convergen en los objetivos que el Estado se impone mediante el juego democrático. Así se construyen diagnósticos compartidos y condiciones para desplegar líneas de acción estratégicas, sostenibles en el tiempo.

Para Chile es fundamental desarrollar doctrinas innovadoras desde su propia realidad, aunque atentas a las experiencias disponibles en el plano internacional. Para ello se requiere una relación intensa y fluida con los centros académicos, mezclando las potencialidades que los expertos ofrecen y atentos a la participación que demandan las características de un régimen político abierto y plural como el nuestro. Quedarse atrás es regalar oportunidades e incrementar los peligros en el marco de una relación civil-militar todavía cruzada por miedos y desconfianzas, cuando hace ya demasiado tiempo debiera haberse dado vuelta la página.

Si se toma la Defensa como una materia importante para el conjunto del Estado y no solo circunscrita a los institutos armados, deben potenciarse los centros de estudio en las universidades y en la esfera de los organismos especializados, convocando a profesionales de todas las áreas vinculadas y a personal en retiro con altas calificaciones, que se dediquen de manera exclusiva a estimular el debate y a asesorar al poder político para tomar mejores decisiones.

En la medida en que se incrementa nuestra influencia en el entorno regional y domina la incertidumbre en el mundo, es urgente invertir en capacidades e instrumentos, tanto materiales como intelectuales, que nos permitan afrontar el complejo escenario que nos depara el futuro, desconociendo exclusividades ante una tarea que es evidentemente de alcance nacional.