Del homosapiens al homoeconomicus

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Escribe Hugo Covarrubias, Académico carrera de Trabajador Social, Universidad Central.


No necesitamos más oferta. ¿Qué queda del pensamiento crítico? Los procesos de la globalización y como decía Marx en su escritos, el ser humano está y quedó desamparado por el dios supremo. Este dios entendido como el mercado, lleva a la desolación de un ser humano puesto en segundo orden y el medio ambiente, en un tercer orden. Fenómeno que podemos definir como el triunfo del pensamiento único totalitario, en el cual, el ser humano pierde toda voluntad por el poder del mercado que regula las economías, ergo reducido a que los otros piensen por él, entendido como un ente abstracto y material que se refleja en el consumismo y la competitividad.

La globalización genera procesos como la infotoxicación de necesidades no reales, entendida como acumulación de información o consumo no relevante. En este proceso influyen por ejemplo, los tratados de libre comercio que hacen que los seres humanos cambiemos los paradigmas de consumo. La paradoja de esto es que los productos nacionales sean más costosos, y los importados los más baratos.

En este sentido, para los países que se encuentran en proceso de desarrollo, no tienen capacidad de elegir, proteger o regular sus mercados. En este contexto, se limitan las opciones de los trabajadores para decidir al estar inmersos en un modelo que rompe estructuras colaborativas.

Al parecer, el único dios supremo que domina hoy la cotidianeidad es el mercado, el cual, influye fuertemente en cuanto a qué pensar y modelar nuestros estilos de vida. Se crean ilusiones de alternativas a este contexto, sin embargo predomina un modelo que corrompe al ser humano, que es en su esencia un ser colaborador.