La expresidenta argentina Cristina Fernández sorprendió al anunciar que será candidata a vice detrás de un compañero de fórmula con el que estuvo enemistada por casi una década ¿Quién es Alberto Fernández?

(DW).- En la mañana de este sábado, Cristina Fernández de Kirchner publicó en sus redes un video con imágenes de archivo y su voz en off. Dura casi 13 minutos y recién en el minuto 1.55 llega la noticia: «Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos. Él como candidato a presidente y yo como candidata a vice”. De este modo, la dos veces presidenta despejó las dudas y anunció, sorprendiendo a todos, cuál será la estrategia de su espacio de cara a las elecciones generales del 27 de octubre.

El sistema político argentino sintió el impacto. Precandidatos por dentro del heterogéneo peronismo como el exgobernador de la provincia de Buenos Aires Felipe Solá anunciaron que ante la novedad bajaban su candidatura. Mientras, el gobierno analiza este nuevo escenario y la oposición no kirchnerista se debate cuál debe ser su rol ante la novedad.

Según el ensayista Martín Rodríguez, «una de las lecturas es que, con esta decisión, Cristina muestra que es más consciente de sus límites de lo que muchos creían”. En la misma línea, el analista político y presidente de la encuestadora OPSM Enrique Zuleta Puceiro interpreta que la senadora «se dio cuenta de que ser candidata presidencial era una apuesta muy arriesgada dado que en ese escenario la estrategia de Mauricio Macri de polarizar hubiera tenido sentido porque el voto anti Cristina es mayor que el pro Cristina”.

Con el trasfondo de la actual crisis económica, las encuestas muestran una sociedad dividida en tres tercios. Están los que nunca votarían a Kirchner y los que nunca votarían a Macri. Estos polos se retroalimentan. En el medio, todo un sector huérfano de liderazgo político consecuencia de lo que se dio a conocer como «la grieta”.

«Ambos (Macri y Cristina Kirchner) enfrentan un juicio muy negativo sobre su presidencia: ella sobre la pasada y él sobre la actual. Macri ha perdido la magia, la oferta de escenarios futuros. Tiene una imagen de fracaso. Al margen de algunos puntos positivos que le reconocen en las encuestas, el saldo es negativo: lo económico prima por sobre cualquier otra cosa”, añade Zuleta Puceiro.

El candidato sorpresa

Alberto Fernández desarrolló su carrera política en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al igual que el presidente Mauricio Macri. Es abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y en abril pasado cumplió 60 años. Su primer cargo electoral lo asumió en el 2000, cuando fue como candidato a legislador porteño en la lista encabezada por Domingo Cavallo, el emblemático ministro de economía del gobierno de Carlos Menem (1989-1999).

Luego, ya en 2003, se transformó en Jefe de Gabinete del primer gobierno de Néstor Kirchner. La Argentina venía de atravesar la que fue, tal vez, la peor crisis de su historia en diciembre de 2001. «En términos políticos -más allá de lo electoral- Alberto Fernández representa el retorno a un kirchnerismo originario y a un estilo de política que incluía más complejidad”, opina Rodríguez.

Fernández permaneció en su puesto hasta que en julio de 2008 presentó su renuncia, ya cuando la presidenta era Cristina Kirchner. Su salida del gobierno tuvo que ver con la primera gran derrota política del kirchnerismo. El gobierno había intentado avanzar con una reforma impositiva sobre las exportaciones agrícolas, lo que derivó en lo que se conoce como ‘el conflicto del campo’ y que movilizó al país. Finalmente, tras una votación en el Congreso en que el vicepresidente votó en contra de su propio Gobierno, el ejecutivo debió dar marcha atrás con la medida. Las heridas fueron graves.

Poco después, Alberto Fernández se distanció del kirchnerismo sin abandonar nunca la política. Tuvo etapas de mayor exposición y en otros momentos prefirió el silencio. Pero trabajó codo a codo junto al también peronista Sergio Massa cuando este venció al kirchnerismo en la determinante provincia de Buenos Aires en 2013. Después fue su jefe de campaña en la carrera presidencial de 2015 en la que buscaron seducir a lo que llamaban «la ancha avenida del medio”, ese sector que no se sentía representado por «la grieta” que divide al país entre el macrismo y el kirchnerismo.

Luego, ya con Macri en el poder, trabajó también junto al exministro kirchnerista Florencio Randazzo, quien compitió directamente contra Cristina Kirchner como candidato a senador por la provincia de Buenos Aires en 2017.

Para el kirchnerismo duro, todas estas decisiones en su momento fueron catalogadas como una traición. Sin embargo, hace unos años y tras las sucesivas derrotas mutuas, volvieron a acercarse. «La gente lo ve como alguien moderado, alguien que quiere influir en el peronismo, con posiciones dialogantes”, explica Zuleta Puceiro.

El escenario que se abre

Lo cierto es que la noticia sacude a todos. No era una opción que ningún analista ni actor político estuviera barajando hasta el momento. Alberto Fernández ni siquiera era medido por las encuestadoras y varias de ellas, ante la novedad, rechazaron hablar con los medios «hasta que aclare el panorama”.

«Es la política retornando a su cauce: es una decisión que no tiene olor a focus group, sino que es la política conduciendo a la sociedad”, interpreta Rodríguez.

Para Zuleta Puceiro, se «elige un candidato sin relevancia político-electoral pero buena relación con establishment, con los medios, que es visto como una persona racional”.

Ahora la pregunta es qué hará ese peronismo antikirchnerista con el que Alberto Fernández tiene buen diálogo. Las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (conocidas como las ‘PASO’) serán el próximo 11 de agosto. La clave a observar es cómo se ordenan Massa, el influyente senador Miguel Ángel Pichetto, el gobernador de la provincia de norteña de Salta Juan Manuel Urtubey y también el exministro de economía de Duhalde y Néstor Kirchner, Roberto Lavagna.

Otro interrogante es cómo reaccionará el gobierno. Macri dijo varias veces que buscará su reelección, pero ya son varios los que en su entorno insisten con que él no debe ser el candidato de la gobernante coalición Cambiemos.

En definitiva, al margen de la política, las alianzas y de quién resulte ganador, como resume Zuleta Puceiro, quien asuma el próximo 10 de enero no la tendrá fácil: «La próxima presidencia será muy débil. Más débil y condicionada que la de Macri y con menos apoyo parlamentario. El presidente que viene va a tener herencia de deuda externa e interna, y la va a tener que atravesar sin muchos aliados más que el treinta y pico de votos de la primera vuelta y la distancia ínfima que pueda obtener en un balotaje”.