Un día no basta: los estereotipos de género en lo cotidiano

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Escribe Esperanza Faúndez Escandor, Directora de Carreras del Área Ciencias Sociales, Santo Tomás Rancagua.

El 8 de marzo es el día en que conmemoramos la gran lucha histórica de las mujeres, no sólo de aquellas mujeres de antaño, sino que también las mujeres actuales, las que todos los días conviven con los estereotipos; las que llegan a casa de su trabajo remunerado, a trabajar nuevamente en las arduas labores domésticas; las que cuidan; las que organizan; las que silencian («para no dar problemas»).

Parece necesario, en estos tiempos de cambios, clarificar los términos de «género» y  «sexo» que están presentes en nuestro día a día. El «sexo» son aquellas características biológicas que distinguen a un ser humano, tanto hombre o mujer (aunque debemos aclarar que esos términos binarios, están hoy en una interesante discusión). Mientras que «género»,  se entiende como aquellas características más bien en el ámbito cultural, que una sociedad determinada le atribuye a un determinado sexo.

En este sentido, es responsabilidad de todas las áreas profesionales, abordar los estereotipos de género, que dejan brechas y desigualdad. Es también necesario colocar en el tapete público, civil y político la discusión frente a la igualdad de derechos entre las personas, pero también la igualdad de condiciones y el respeto a la diversidad.

Desde el ámbito educacional, es necesario no sólo impulsar la valentía en las mujeres, sino que el sentido de libertad (en la calle, a media noche, ¿es mejor ser valiente o libre?).

Y sin duda, desde el ámbito personal, todos los días es necesario el ejercicio de introspección y reconocimiento de nuestros propios patrones culturales, observar cómo fuimos criados, cómo fue (y es) nuestra relación con los hombres y mujeres de nuestras familias, finalmente reconocer cómo nos construimos. Solo así podremos realizar el ejercicio liberador de des-construirnos y evolucionar, pero – por  sobre todo – de comprender que no nacemos como hombres o mujeres, sino que «nos hacemos» hombres y mujeres.