TVN: No da para más…

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Sergio Escobar Jofré, Académico Facultad de Comunicaciones, Universidad Central.

La renuncia del Presidente del Directorio de TVN, debido a que no está dispuesto a avalar con su presencia la mala gestión de la actual administración, es una muestra de coraje y consecuencia que pocas veces es vista y debe ser valorada.

Cuando llegó el nuevo gobierno y se eligió al nuevo Presidente del Directorio de TVN y sus directores, se escucharon buenas intenciones, más aún considerando que la llegada de las nuevas autoridades venía con una inyección económica de US$22 millones de capitalización. Sin embargo, al poco andar, las cosas no han podido cambiar. El canal no repunta y los malos resultados operacionales se mantiene. TVN sigue cuarto en sintonía y no se aprecia la posibilidad de un repunte.

Hace tiempo que hemos sido testigo de los infructuosos esfuerzos por sacar adelante la señal estatal. En los últimos 5 años ha tenido cuatro directores ejecutivos, lo que da cuenta del problema de incertidumbre permanente que ha soportado la estación y sus trabajadores. A lo anterior, se suma el desafío de la creación de un canal cultural y la inyección de US$47 millones, que en estas condiciones es imposible esperar buenos resultados con ese proyecto.

La renuncia de Orrego revela, como dio a entender, su imposibilidad de trabajar con profesionales competentes que saquen adelante el canal de televisión, si un alto directivo alude a esta situación, sólo resta pensar que al interior de la estación hay lógicas de otro tipo que impiden el adecuado desempeño profesional o contar con las personas idóneas en los respectivos cargos. En cualquier empresa si el Presidente del Directorio no puede remover al Director Ejecutivo, es porque algo no funciona bien, o son las lógicas políticas las que están primando a la hora de tomar las decisiones.

TVN necesita con urgencia modernizarse para competir en una industria cada día más especializada y competitiva. El directorio debe de dejar de ‘cotearse’ políticamente y modificar la designación de su gobierno corporativo por un sistema de alta dirección pública, como el caso de Enap o Codelco, que dé garantía a todos los chilenos que será administrada por personas altamente calificadas y conocedores de la industria.