La sociedad de los lectores muertos

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Escribe Jocelyn Uribe, Directora escuela de Educación Parvularia, Universidad Central.

Gran impacto generó que “158 mil niños pasan a 2° básico sin saber leer correctamente”. El sistema sugirió estrategias tales como libros digitales, más bibliotecas y cursos para profesores que permitieran revertir este nefasto escenario. Pero lo primero debería ser reflexionar sobre el conocimiento en torno al desarrollo evolutivo de niños/as de 6 a 7 años que cursan este nivel, sus ritmos de aprendizaje y la pertinencia de estas medidas por parte de quienes toman las decisiones, las cuales en definitiva han sobre escolarizado el sistema inicial en nuestro país.

¿Corresponde que niñas/os al finalizar primer año de enseñanza básica sepan efectivamente leer?, y si la lectura para quienes evalúan este parámetro, ¿se limita sólo a un sistema de codificación automatizado de signos gráficos, sin ningún sentido? Es necesario detenernos en estas reflexiones, antes de transformar en noticia un elemento que básicamente atenta contra el sentido y naturalidad de lo que debe ser un proceso lector consciente y significativo, dado que el inicio temprano y sin una real significancia frente a la lectura, no es garantía de tener futuras generaciones de adolescentes y adultos que sean buenos lectores.

En países referentes en educación,  como Nueva Zelandia y Finlandia, recién el primer contacto con vocales y consonantes se establece a los 7 u 8 años, y no estamos hablando de un contacto que los lleve a esas edades a leer, sino solo una aproximación a conocer el sonido de algunas letras y a juntarlas de manera espontánea y paulatina, formando palabras de acuerdo a su interés, lo cual se canaliza por medio del juego, de imágenes o de rótulos con palabras.

A las personas todo nos debería ocurrir en el momento oportuno, cuando estemos preparados, cuando el proceso al cual se nos invita tenga un real significado y no cuando una sociedad determina que de acuerdo a estándares, es la edad en que debemos lograrlo. Es interesante encontrar iniciativas que promueven que “la lectura no se enseña, sino que se contagia”, lo cual se constituye en el lema en la Región de Magallanes y de la Antártica chilena en el marco del Plan de Formación Lector y como estrategia de la Central Pedagógica de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), involucrando de manera activa a las familias.

La lectura no es un acto que debe ser impuesto, debe ser voluntario, selectivo a fin de provocar un significado y cercanía emocional con lo que se lee, desde la premisa de que todo lo que nos gusta lo aprendemos efectivamente con más agrado. El sentido de proceso también resulta ser una variable importante desde esta perspectiva, la invitación y el involucrarnos en el proceso lector debe ser una dinámica permanente, estudios incluso fomentan la lectura desde el vientre materno, invitando a madres a leer en voz alta en el periodo de gestación.

Como podemos apreciar esta tarea involucra varias consideraciones, todas las cuales concluyen en transitar un camino en el cual la lectura tenga un real sentido, estimulando de esta forma un goce por leer y por significar lo que leemos.