En esta semana de la Pyme, compartamos el secreto del éxito

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Escribe Jorge Vargas Zúñiga, Docente Área Administración IP-CFT Santo Tomás Rancagua.

“Haz que las cosas sucedan”, me dijo escuetamente – y casi con indiferencia – una vez un profesor en la Universidad cuando le pregunté: “¿Cuál es la fórmula para ser como usted?”. Yo siempre lo veía llegar frente al edificio donde yo estudiaba en vehículos de lujo y ropa elegante que, sin duda, eran de grandes marcas comerciales… una imagen de un docente y profesional exitoso. Y yo, un simple estudiante con sueños, de provincia, con los pesos justos para comer y algunas fotocopias de apuntes de los cuadernos de mis compañeros.

En mi labor como docente en estos diez años, he visto pasar por las aulas a cientos de alumnos, con sus sueños, sus penas y frustraciones. Sin embargo, siempre, siempre hay un espíritu en ellos que los hace distintos y fuertes: sus emprendimientos, que hoy son un éxito en las distintas áreas comerciales y productivas dentro y fuera de la Región. En mi mente están las teterías gourmet, las pastelerías para personas con problemas de diabetes, cabañas en el sur del país… y así, podría nombrar un sinnúmero de proyectos e ideas que hoy son parte de una realidad. Sin duda, nos enorgullece como formadores de profesionales en esta institución.

Un día, este profesor me dice: “Vargas, el otro día me hiciste una pregunta que me dio vueltas, así que te diré lo siguiente: mira, los sueños son tan encantadores, te hacen millonario, pero éstos no conducen a nada si no existe una clara intención de lograrlos. Eso significa, en pocas palabras, penas, alegrías, tiempo, caídas, levantarse mil veces y nunca… pero nunca, dejar de pararse. Ese es el secreto del éxito de cualquier negocio, no hay otro”.

De otra forma, lanzarse al vacío y abrazar el miedo a lo desconocido, hacer de ese miedo un aliciente y un estímulo para levantarse todos los días y hacer que las cosas sucedan. Éste es el sello Santo Tomás que queremos transmitir como docentes: “Tú puedes”. Y agrego para cerrar una frase de un autor anónimo: “Lo único imposible es aquello que no intentas”.