Oda al aeropuerto

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Escribe Franco Muzzio, Encargado Extensión Académica y Cultura, Universidad Central.


Aeropuerto Internacional Pablo Neruda. El enunciado es cuestionable y más aún con los matices hirviendo del momento en el cual transitamos, un momento frágil y de reprogramaciones de los modelos que hemos normalizado y relativizado durante nuestra línea histórica.

Difícilmente la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados podría haber dimensionado los abismos que separan la posibilidad de rebautizar el terminal aéreo con el seudónimo de un tal Reyes Basoalto, un hijo de un obrero ferroviario que se paseó por el mundo entero poniéndole verso a la vida que le tocó rimar.

Poeta, político, embajador, candidato a la presidencia, Nobel de Literatura, héroe del Winnipeg, tantas maletas para un mismo hombre. Pero la figura del vate no sólo genera devoción y respeto literario sino también ruido y ventarrón, rabia y ninguneo.

¿Y en qué radica esta odiosidad?, ¿en su faceta comunista que nunca escondió y que fuera su pasaporte permanente? ¿En ese rincón de abandono y mal padre que es el mayor pecado si eres un personaje público en una sociedad en donde la familia es la primera piedra de la moral? ¿En esa violación narrada en ‘Confieso que he vivido’ que resultó ser un autobiográfico disparo en el pie?

Cada ser humano tiene buena y horrenda prosa en el cuerpo y en sus decisiones, pero la figura de Neruda es innegable, nadie podría jactarse de no saber de memoria al menos un verso del poeta que tocó la parte más alta del cielo literario con su ‘Canto General’ o con su ‘Residencia en la Tierra’, o con esas ‘Odas Elementales’ que iniciaron el camino de la antipoesía.

No sé si cuándo renombraron el Aeropuerto de Liverpool o de Roma habrán debatido los claroscuros de John Lennon o realizado juicios contra Leonardo Da Vinci por sus contribuciones a la ingeniería bélica.

Estamos en un punto en donde las páginas de vida de un personaje son una radiografía viralizada y observada con lupa. Un punto en donde el escrutinio público más que una decisión se torna una condena y un punto en donde un homenaje o un nombramiento se han vuelto un ejercicio de profunda investigación.

Hoy la figura de Neruda se demonizó y tal vez descendió del pedestal de héroe que ostentaba. No cabe duda que cada ser humano se debe hacer cargo de los versos escritos y también de los vividos.