Tiene una estructura bi-learning en que las clases presenciales se complementan con otras en línea. Apunta a profesionales de regiones que no pueden trasladarse a Santiago para capacitarse.

Si el diplomado sobre gestión en innovación y emprendimiento que en 2017 cursó la economista agraria de Indap VI Región Ana María González se hubiera dictado en Santiago, ella, lisa y llanamente, no lo hubiera podido cursar. “Viajar todas las semanas me lo hubiese hecho imposible, los tiempos simplemente no dan”, cuenta.

Justamente esa es la gracia de este nuevo posgrado que desde 2017 dicta la Pontificia Universidad Católica de Chile: en él no son los alumnos los que viajan a Santiago a cursar las clases, sino que son los profesores los que van a regiones a dictarlas.

El modelo, nuevo en Chile, lo ofrecieron por primera vez el año pasado en la región de O’Higgins y, debido a sus buenos resultados, será reeditado este año con la opción de ser ampliado a otras regiones.

La versión en curso apunta a entregar habilidades para que los alumnos, profesionales de organismos estatales, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales y de otro tipo, puedan asesorar a emprendedores, innovadores y técnicos en la ejecución de sus proyectos.

Nicho inexplorado

Varias son las razones que llevaron a la PUC a implementar este diplomado “itinerante”.

La  primera fue la detección de una importante demanda por cursos de formación continua de buen nivel de parte de profesionales de regiones y la escasa oferta respectiva. “Acá simplemente no se dicta este tipo de cursos y cuando se dictan no son de tan buen nivel”, explica Ana María González. Ante ese escenario, los profesionales sólo tienen la opción de viajar a Santiago, condición que hace que muchos desistan.

Esa necesidad fue detectada por los profesionales de Economía Agraria de la PUC. “Se hace muy difícil para las familias que una mamá o un papá tengan que trasladarse a Santiago periódicamente. Por eso preferimos movernos nosotros y así facilitar la tarea”, explica Gustavo Díaz, académico del programa.

Otro punto fue que buena parte de esa demanda estaba en el sector público y que su insatisfacción se ha transformado en un obstáculo para el desarrollo de las regiones. El dato Díaz lo constató de primera mano cuando trabajó en dicho sector. “Todas las regiones quieren ser más autónomas y construir y aplicar a su medida los programas de desarrollo en temas como el emprendimiento y la innovación. El punto es que al momento de buscar la ejecución de estas políticas, no se encuentra una masa crítica de profesionales que las puedan llevar a cabo”, cuenta.

“Son miles de profesionales de planta de diferentes instituciones que fueron a la universidad, pero que no se han actualizado y funcionan muy intuitivamente, por olfato, en temas que requieren una mirada estratégica. Esa capacitación sí está en los directivos, pero no en estos mandos medios que son claves al momento de ejecutar programas, porque ellos son los que están cara a cara con los usuarios”, agrega el académico de la PUC.

El problema es que, debido a la ausencia de esa masa crítica, las políticas de innovación y desarrollo de regiones flaquean al momento de su ejecución. “El sector rural es un ámbito con grandes opciones para innovar y emprender en diferentes áreas productivas, pero ese potencial no se está aprovechando al máximo, por esta falencia del capital humano”, indica Díaz.

Un dato detectado por un estudio de Chile Califica, de Corfo, resalta aún más lo crítico de dicho escenario, en cuanto a desaprovechar el potencial humano que hay en las zonas rurales. De acuerdo al estudio, los jóvenes de los liceos técnico-profesionales de regiones tienen gran interés en encontrar una opción de desarrollo a través del emprendimiento. “A diferencia de los universitarios, que migran en busca de trabajo, los técnico-profesionales quieren permanecer en sus localidades y ven el emprendimiento como una opción de negocio real que les permitirá el sustento económico. Hemos trabajado con ellos en programas y muchos hoy sostienen a sus familias. Para guiarlos es que se necesita capacitar a los mandos medios”, explica Díaz. El punto finalmente toca a un tema demográfico nacional, como la migración campo ciudad.

“El campo se está despoblando y esto incide en ello”, asegura Díaz.

Clases y método

El diplomado tiene una estructura bi-learning, con clases presenciales que son impartidas por los profesores de Santiago que viajan a regiones cada dos semanas y un canal de estudio on line, con seguimiento y ayudantes que van guiando a los alumnos. “Buscamos equilibrar el mundo virtual con el presencial, para que los alumnos avancen solos, pero que ese avance virtual sea aterrizado con clases en vivo”, cuenta Díaz.

Uno de los temas que destaca es la plana académica, la misma que dicta las clases en Santiago. Paola Béjar, estudiante de la primera versión y coordinadora del programa Prodemu de formación y capacitación para mujeres campesinas de Cachapoal, ratifica el punto. “Tener ese nivel de académicos en regiones sobre estos temas es muy difícil y ese es uno de los grandes plus de este modelo”, señala.

El diplomado duró nueve meses, con clases viernes por medio entre 14:30 y 19:30, en las dependencias de algunas instituciones educacionales de Rancagua. Uno de los focos, además de los temas técnicos, es el desarrollo de habilidades blandas. “El 50% de las clases apunta al desarrollo de estas habilidades, en temas como la capacidad de comunicación, relacionamiento y liderazgo para profesionales que deben capacitar a usuarios que tienen rasgos peculiares, como un promedio de edad que a veces está en torno a los 65 años y con una base de educación formal baja”, cuenta Juan Pablo Subercaseaux, coordinador del diplomado.

Para desarrollar estas habilidades comunicacionales el curso contempla talleres vivenciales a cargo de relatores que trabajan con metodologías de coach ontológico. “A través de técnicas no convencionales, algunas físicas, como el baile y otras, se enseña a los alumnos a confiar en el otro, a comunicarse, no solo verbal, sino también corporalmente”, explica Díaz.

Los ramos se estructuran en base a cuatro clases virtuales, una presencial cada dos semanas y una charla magistral de cierre, con un examen final, estructura que puede cambiar de acuerdo a cada temática.

La primera generación fue de 100 alumnos y el curso tuvo un valor de 100 UF, valor que en el caso de los funcionarios públicos fue financiado en un 95% por el gobierno regional, ya que muchos de los alumnos tenían ese perfil.

Según explica Díaz, la idea es expandir el programa a nivel nacional. “Estamos viendo a otras regiones que quieran reeditarlo y cofinanciarlo”.