El parlamentario señaló como propuesta determinar en la región de O’Higgins un feriado permanente el día 2 de octubre, para conmemorar la batalla de Rancagua.

Con el fin de descentralizar los feriados en Chile, el diputado por la región de O’Higgins, Raúl Soto, presentará un proyecto de ley que propone destinar un día dentro del año calendario, para la celebración de un feriado regional. Esto, mediante participación ciudadana, además de las autoridades locales y regionales.

La iniciativa, permitirá a la ciudadanía elegir un día del año para festejar su propia historia e idiosincrasia y éste, deberá ser ratificado para su vigencia del año siguiente o podrá ser destinado para otra celebración, previo acuerdo del Consejo regional respectivo.

Al respecto, el diputado afirmó que la región de O’Higgins “merece tener un feriado regional, por su historia” y aseguró que planteará “fijar el día 2 de octubre como nuestro feriado regional en conmemoración del desastre de Rancagua, esa es la fecha histórica más importante de la región y una de las más relevantes del país. Ello deberá proponerse y aprobarse mediante mecanismos de participación ciudadana que permita escuchar la opinión de los vecinos y también institucionales que incluyan a autoridades comunales y regionales de O’Higgins”.

“Por estos motivos queremos hacer hoy una propuesta de feriados regionales que viene en definitiva a restablecer la idea de que cada una de las regiones de nuestro país, tenga la posibilidad de elegir un feriado regional anual, con mecanismos bastante innovadores de participación ciudadana, donde puedan estar todas las comunas de cada una de las regiones, a través de la opinión de vecinos y vecinas, además de las respectivas autoridades locales, los alcaldes, los concejales y con la aprobación de los consejos regionales” agregó Soto.

Finalmente, el diputado Soto destacó la importancia de presentar iniciativas que aporten a la descentralización y sostuvo que “es un hecho notorio que el proceso de regionalización ha tardado más de lo que las comunidades regionales desearían. El centralismo asfixia no solo desde el plano de las estructuras de gobierno y administración, sino también desde lo social, económico y cultural. Las pautas generadas en la capital tienen que ser asumidas por las comunidades regionales y locales, sin reales posibilidades de incidir en decisiones relevantes para sus propios territorios, pero a veces tampoco en materias tal vez menos estratégicas”.